"Educación es lo que sobrevive cuando se olvida lo que se ha aprendido" Burrhus Frederic

martes, 17 de noviembre de 2009

Crónica del viaje a Umbralejo

El domingo 11 de octubre a eso de las doce de la mañana nos dimos los últimos besos con nuestros seres queridos y nos fuimos en busca de aventuras. Aunque empezamos con ganas, lo cierto es que las seis horas de autobús hicieron mella, pero en cuanto llegamos al sitio vimos que había merecido la pena.
Estábamos en Umbralejo, un pequeño pueblo abandonado en los años 70 y actualmente en proceso de recuperación (bastante avanzado).
Nada más llegar nos recibieron con entusiasmo y nos abrieron las puertas para que para que fuéramos conociendo el pueblo, tras lo cual nos repartieron por las habitaciones y nos dieron de cenar, terminando el día en una actividad pensada para conocer a nuestros compañeros de Quintanar de la Sierra (Burgos).
De la noche, mejor no hablar, pero lógicamente nuestra primera pernoctación fuera de casa fue especial.

Amanecimos el lunes, desayunamos y nos fuimos a los primeros tajos, en los que los monitores nos iban enseñando distintas tareas mientras íbamos conociendo más detalles sobre el pueblo.
Tras eso, comer, y actividades al aire libre de orientación, incluyendo una gymkana, para acto seguido merendar y dar un paseo por el monte para practicar lo aprendido en cuanto a orientación y manejo de brújulas y mapas.
Cena, y a acostar, que los cuerpos estaban algo cansados tras haber dormido poco la noche anterior y llevar todo el día realizando actividades.

El martes tras desayunar nos pusimos la ropa de trabajo y volvimos a los tajos, que iban rotando para que todos hiciéramos un poco de todo.
Tras la comida empezaron los talleres, más especializados que los tajos y en los que se podían realizar trabajos de cestería, reciclaje, actividades con barro, abejas, cosmética natural...
Y después realizamos una búsqueda del tesoro, pues uno de los profesores había escondido un tesoro en unas ruinas de unas tainas (casas para ganado) en un paraje cercano al pueblo, y debíamos encontrarlo siguiendo las pistas que se nos proporcionaron.
La noche trajo una sorpresa, pues tras la cena tuvimos un Concejo, en el que todos podían hablar y plantear los problemas que hubiera, proponiendo soluciones. La noche terminó con actividades de animación.El miércoles fue el día más atípico, ya que estaba dedicado por entero a un itinerario didáctico, en concreto un paseo hasta Valverde de los Arroyos y el paraje allí conocido como “Las Chorreras”. El trayecto no era duro, pero al ser unos 18 kilómetros en total a algunos se les atragantó un poco al no estar acostumbrados a andar tanto. Sin embargo, no cabe duda de que mereció la pena.
Además, por la noche los profesores nos sorprendieron con unas castañas que habían comprado en el pueblo, y que asamos en una hoguera que hicimos en la plaza del pueblo (costumbre que ya continuaría todos los días).

Al día siguiente, jueves, volvió la rutina, y los tajos ocuparon nuestra mañana, pasando por la tarde a los talleres, y a una actividad de valoración de los días que llevábamos allí, tras lo cual cenamos y fuimos a las actividades de animación, para terminar en torno a la hoguera de la plaza del pueblo.

Y llegó el último día, el viernes, en el que terminamos con los tajos y tras comer fuimos preparando la gran fiesta de la última noche.
Qué decir de esa fiesta, impagable, digna de ver y recordar. Además esa noche pudimos quedarnos levantados hasta más tarde de lo habitual.

Finalmente, el sábado llegó la hora de marcharse, siendo bastante dura la despedida, y siendo muchas las lágrimas que corrieron.
Otras seis horas de autobús, y allí estaban nuestras familias para recogernos.

Qué puedo decir, supongo que la mejor manera de valorar el viaje es decir que, si el año que viene se vuelve a hacer, haré todo lo que esté en mi mano para volver.

Un alumno.

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