Es difícil explicar el fenómeno capaz de transformar, en tan solo seis días, tímidos saludos en fuertes abrazos de despedida, una sonrisa forzada en una lágrima sincera ante la inevitable despedida. ¿Por qué seiscientos cincuenta kilómetros de ida no son los mismos seiscientos cincuenta kilómetros de vuelta? ....Dejemos estas cuestiones derivadas de los sentimientos para describir la estancia y actividades en el Centro de Educación Ambiental (CEAM) de Villardeciervos.
Sin duda alguna una de las mejores formas de aprender a valorar y cuidar nuestro entorno es aprendiendo a convivir y a respetar a los demás. Así lo entiende el proyecto educativo del CEAM pues el reparto de las habitaciones, la distribución en las mesas del comedor y los diferentes grupos para la realización de las actividades, buscaban en todo momento el intercambio de experiencias, agrupando en una misma proporción alumnos y alumnas de Granada y Hellín.
Estos días de convivencia en la naturaleza nos han dejado intenciones de compromiso y responsabilidad con los otros, con el medio natural y consigo mismo. El siguiente relato escrito por la alumna Marina Martínez Illán dan una idea de lo que tal vez allí pudo acontecer:
“El agua caía con gran fuerza desde una roca que se alzaba metros sobre su cabeza. Contrastaba con la paz que transmitía a su vez, y con aquella grandiosa libertad. Oía el cantar de los pájaros, y el murmullo que producían todos los habitantes de aquel bosque tan lleno de vida. Vio el río atravesar la llanura a toda velocidad, y algo se agitó dentro de sí. Comenzó a sentir con una increíble intensidad todo lo que transmitía aquel bosque, y sobre todo, a entenderlo. Vio su pelo caerse, y su piel transformarse en escamas, pero no tuvo miedo. Segundos después se lanzó al río, huyendo de aquella plaga llamada humanidad. Entonces, comenzó a vivir.”



